Lucia Cuba conversa desde Nueva York sobre su experiencia como docente en la escuela Parsons en épocas de COVID19 y protestas sociales.


por: Solange Gutierrez
solange@fastnotfash.com

Al igual que Lima, Nueva York tiene poco más de 8 millones de habitantes. A la fecha, el estado emblema del país más rico del mundo ya superó los 24 mil fallecidos a consecuencia de la pandemia. Cosmopolita y artística, la ciudad que nunca duerme se apagó luego de que sus museos, tiendas y teatros cerraron para adaptarse a la “nueva normalidad”.

Otra parte importante del espíritu de la gran manzana es la educación superior. Las universidades y colleges neoyorkinos son espacios a donde llegan miles de personas de diferentes partes del mundo. Estudiar aquí no es meramente una cuestión de absorber conocimiento, sino también de dejarse absorber por toda una experiencia en sus emblemáticos campus. Hasta fines del 2019, la población universitaria extranjera de Nueva York era de 124,000 estudiantes. La grave situación de la salud pública hizo que la digitalización de las clases sea sólo uno de los cambios importantes que le esperaba al sector. Entre cierres de fronteras, crisis económicas y una fuerte crisis de alojamiento, muchos alumnos que debían regresar del spring break ya no lo hicieron. Al clima tenso por estas repercusiones, se le sumó la aparición del movimiento de protesta social Black Lives Matter (Las vidas negras importan).

Lucía Cuba es maestra de pre y postgrado en la prestigiosa escuela Parsons, perteneciente a The New School. La docente y diseñadora peruana conversa sobre lo que fue y continúa siendo una transición sin precedentes en medio de nuevos males y de otros no tan nuevos.

Lucía Cuba hablando sobre su muestra “Estados Unidos de…” en el Art Lima 2019. Foto: Solange Gutierrez

FNF: ¿En qué situación estaba cuando comenzó toda esta disrupción?

LC: Me encontraba dictando un curso anual de Tesis para el programa de Bachillerato en Diseño de Moda y mis alumnxs estaban por graduarse en mayo. Para la mayoría -tanto docentes como alumnxs- hubo cambios significativos en sus vidas, así como en el desarrollo y ejecución final de sus cursos, y definitivamente, de la posibilidad de ejecución de los proyectos de tesis que habían inicialmente planeado (tipo de objetos a presentar, productos o procesos con los que se había esperado iban a terminar el programa, etc.).

Intentamos brindar soporte primero para determinar si les era posible o no continuar con el semestre, luego para explorar la viabilidad de sus proyectos de tesis en función a las disrupciones y restricciones tanto sociales como personales. Por otro lado, muchxs retornaron a casa (en otros países), por lo que también nos vimos retadxs por la complejidad de dictar clases para alumnxs en distintas zonas horarias, de no contar con la conectividad necesaria para optimizar el proceso de aprendizaje de manera remota, y por su puesto, por el simple y complejo hecho de tener llevar clases en medio de disrupciones significativas (incluyendo pérdidas humanas cercanas), a la par con otras múltiples situaciones intensas y complicadas que suponen un estado elevado de incertidumbre, miedo y trauma.

El contar con la presencia del alumnado se volvió entonces el primer reto…

Definitivamente las disrupciones fueron considerables, y esto implicaba no sólo esperar que lxs alumnxs puedan continuar en las clases, si no que también lo puedan hacer a pesar del proceso complejo y doloroso, vinculado también a la pérdida y al trauma, y al mismo tiempo, al logro, en la medida en que muchxs alumnxs estaban también próximos a graduarse de un programa de 4 años de inversión.

En medio de la incertidumbre, muchas personas regresaron a sus países de origen o intentaban hacerlo (en programas universitarios en NY hay mucha gente que viene de distintas partes del mundo, y frente al cierre de fronteras y a la expansión de la Covid-19, esta era para muchxs la única solución). Esto añadido al hecho que, por temas de salubridad, la mayoría de dormitorios universitarios para estudiantes cerraron y muchxs se vieron en la obligación de reubicarse, ya sea en NY o en otras ciudades. A la pandemia misma, se le sumó también la complicada situación socio-económica del país, así como las políticas anti-migratorias y racistas que el Estado viene ejecutando – y promoviendo- y que, en el contexto de la academia/universidad en los EEUU, supone un reto adicional tanto para alumnxs, docentes y administradores educativos (por el carácter internacional de esta comunidad en relación a las visas de estudiante y de trabajo).

“A la pandemia misma, se le sumó también la complicada situación socio-económica del país, así como las políticas anti-migratorias y racistas que el Estado viene ejecutando – y promoviendo- y que, en el contexto de la academia/universidad en los EEUU, supone un reto adicional tanto para alumnxs, docentes y administradores educativos”

Ya para cuando la pandemia se expandió en NY, The New School Univeristy (al igual que otras universidades) también tomó la decisión de transicionar a educación remota, y esto justo coincidió con la mitad de semestre, restando sólo 7-8 semanas para acabar el semestre y el año académico. En este contexto de urgencia se adaptaron también distintos formatos académicos de calificación, así como de pago de pensiones y acceso adicional a becas de emergencia, algunas de estas iniciativas, de hecho, siguen activas para el siguiente semestre. De hecho, las universidades en los EEUU han actuado de distinta manera, y ello respondió – y responde- también no sólo a la administración universitaria, si no también al gobierno y la respuesta a la pandemia que, en este país, sólo se ha podido atender y planificar a nivel de gobiernos, más no hay un plan nacional de control de la Covid-19).

¿Y cómo ha sido esta transición en Parsons?

Sigue siendo un gran reto, de hecho, estamos próximos a empezar el año académico. Dependiendo del carácter del curso (ya sea práctico, técnico, teórico), y del programa (pre/ post-grado), estamos ofreciendo una malla curricular que concentra más cursos teóricos que prácticos, en especial, aquellos cursos que pueden funcionar mejor con sesiones híbridas y que no requieren al 100% maquinaria o procesos especializados.

Estamos también haciendo uso de los soportes digitales que tenemos como universidad, usando el aula virtual en donde se accede a materiales y recursos diversos como foros, sesiones asincrónicas y sincrónicas, y, en general, promoviendo un esquema mucho más flexible de participación (considerando también la diversidad y complejidad frente al acceso a internet, así como la diferencia horaria de nuestro alumnado). Y tratando de mantener un estándar de calidad que nos permita continuar desarrollando al máximo los objetivos de aprendizaje, así como elevando la experiencia educativa, dentro de la limitación misma de la plataforma/comunicación virtual (a comparación de la participación presencial). Los docentes, al igual que en otros centros de educación universitaria, nos encontramos también llevando cursos de capacitación, y tratando de reconocer mejor de qué manera optimizar las plataformas que tenemos, y a las limitaciones con las que venimos trabajando (así como las nuevas que se presentarán).

Sin embargo, hay lugares que están retomando sus actividades a pesar de que el resurgimiento de las olas de contagio es aún una posibilidad…

De hecho, sí, al menos en algunas instituciones en NY se espera que esto sea posible dado que el virus está en estado “controlado” y el nivel de contagio, por lo pronto, se ha contenido. Se explora el que, de manera limitada y dependiendo de la actividad y del espacio físico necesario para la misma (aforo/infraestructura), algunos de nuestros laboratorios especializados, o espacios de estudio abierto puedan ofrecer algún tipo de servicio. Pero esto no está aún confirmado y varía de acuerdo a las normas legales que la ciudad también promueve, y que priorizan a la salud pública de los habitantes.

Para nosotros este semestre que viene (y que da inicio el año académico) será un 99.9% remoto. Algunas universidades del país han indicado que esto será así por todo el año académico (2020-2021), otras han indicado que abrirán de manera “regular” pero tomando las medidas de salud pública necesarias. Lamentablemente ya van saliendo a flote nuevos brotes de Covid-19 en instituciones que han optado por abrir sus campus, así que esperamos las directivas sigan variando de acuerdo a la evolución misma de la pandemia.

Es una coyuntura bastante compleja, porque, como comentábamos antes, los intereses políticos siguen afectando también la posibilidad de planificación de las instituciones educativas, así como la de lxs estudiantes y de sus familias. Por un lado, por no contar con un plan de acción para atender a la pandemia a nivel nacional (no lo hubo y no lo habrá), y por otro lado por las políticas anti migratorias y racistas, que agudizan la crisis económica y social a nivel nacional, y mundial.

Miles de alumnos internacionales quedaron en medio de la incertidumbre a consecuencia de restricciones. Foto: Anna Schvets

El alumnado peruano de la carrera de Diseño de Moda también ha migrado a lo digital. Entre los inconvenientes que nos manifestaron están los problemas de red, reducción de ingresos económicos o la carencia de herramientas y materiales. ¿Con qué problemas se encontró el estudiante de diseño de una institución top como Parsons?

Nos hemos enfrentado al mismo tipo de problemas: limitada conectividad, crisis económica, pérdida laboral, etc., y cómo todo esto continúa afectando el acceso a la educación.

De manera adicional, y en la medida en que Parsons es una escuela que pertenece a universidad privada de alto costo, uno de nuestros grandes problemas es el acceso, entendido también en el costo mismo de la carrera en relación a las becas ofrecidas, al costo mismo de los programas, a la diversidad de nuestra población estudiantil y docente, etc. (temas que también venimos abordando). Pero, lo que ofrecen también muchas de nuestras carreras, sobre todo las de base práctica, es una infraestructura compleja en donde lxs alumnxs puedan contar con una buena cantidad de recursos para desarrollar sus procesos creativos (bibliotecas especializadas, maquinarias y laboratorios especializados tanto fuera y dentro de las aulas, y espacios de estudios de co-creación, laboratorios textiles, laboratorios 3d, corte laser, etc.). Muchos de estos recursos cuyo uso es presencial no podrán ser accesibles este ciclo, e indiscutiblemente supone una gran limitación, sobre todo, para afianzar procesos de aprendizaje especializados y que, en muchos casos, se dan con el soporte de maquinaria e infraestructura específica (cursos demasiado especializados no serán ofrecidos este ciclo).

“Lo que ofrecen también muchas de nuestras carreras, sobre todo las de base práctica, es una infraestructura compleja en donde lxs alumnxs puedan contar con una buena cantidad de recursos para desarrollar sus procesos creativos […] Muchos de estos recursos cuyo uso es presencial no podrán ser accesibles este ciclo, e indiscutiblemente supone una gran limitación, sobre todo, para afianzar procesos de aprendizaje especializados.”

De igual manera, y al igual que otros programas de educación en Diseño de Moda en el mundo, reconocemos las limitaciones de acceso de nuestros alumnxs y docentes a internet, cuando esto debe darse fuera del campus universitario. Frente a ello se ha tratado de atender a las necesidades de conectividad de manera individualizada, respondiendo a la posibilidad y acceso de lxs alumnxs, a nivel individual. De igual manera, sabemos que no todxs lxs alumnxs tienen máquinas especializadas en casa, como máquinas de coser, tejer, etc., tal vez tampoco cuenten con el espacio físico o mental/emocional para poder trabajar, o los recursos económicos necesarios para continuar con la carrera. Tomamos en cuenta los múltiples factores que puedan estar afectando el proceso de aprendizaje para tratar de adaptar los cursos y sus requerimientos, a múltiples realidades.

Impresora 3D en el Making Center de Parsons, nombrada como la mejor escuela de arte y diseño de EE.UU. Foto: The New School

Frente a estos retos, por ejemplo, cuando hicimos la transición de presencial a remoto, el proceso dependió mucho de cada programa, de cada curso, de cada grupo de alumnxs, y de cada alumnx. Se abordó el semestre de manera individualizada. Nos vimos en la posibilidad de guiar y apoyar a lxs alumnxs a tratar de encontrar formas alternativas a aquellas que habían inicialmente concebido para desarrollar sus proyectos (incluyendo repensar acabados, materiales, y demás procesos), y para tratar de buscar opciones alternativas con las que se podía crear, haciendo uso de materiales de la infraestructura encontrada en casa y en sus localidades. De hecho, estas consideraciones las tenemos también para el ciclo que está por empezar.

Estamos frente a un momento clave para replantear también nuestro rol y acción en los sistemas de la moda, en repensar nuestros procesos creativos, de consumo y de producción. Las disrupciones son considerables, pero suponen también una posibilidad de cambio en el paradigma educativo de los programas de diseño de moda.

“Las disrupciones son considerables, pero suponen también una posibilidad de cambio en el paradigma educativo de los programas de diseño de moda.”

En medio de esa búsqueda por alternativas ¿hay aspectos relacionados al diseño que miraron más de cerca?

Definitivamente es un momento clave para evidenciar cómo el diseño se sitúa en un sistema, y sobre todo para evidenciar el cómo este impacta en todas las dimensiones de la vida. Algunos aspectos en los que muchxs educadores en diseño nos estamos centrando tienen que ver con diseño desde una perspectiva de justicia social, sistemas integrales, y sostenibilidad. De igual manera, a nivel de la aplicación de estos aspectos a nuestros procesos creativos, también tenemos una oportunidad para reconectar y reforzar el uso de procesos manuales, de resignificar el tiempo en el proceso creativo y productivo, de pensar en el afecto tanto hacia los procesos como a los resultados/impactos, de establecer conexiones diversas entre estas dimensiones, etc.

Para muchxs – tanto docentes como alumnxs- estas formas de enseñanza y aprendizaje en diseño hoy se presentan como más restrictivas, o nuevas. De hecho, pensar desde el privilegio de haber tenido acceso a múltiples recursos educativo/creativos y económicos nos ha venido alejando también de la posibilidad de reconocer la importancia y necesidad de promover y fortalecer los procesos manuales y tradicionales vinculados a nuestra disciplina, así como de plantear los mismos desde prácticas más críticas y responsables, en donde lo creativo se comprende en el universo de lo social.

Dentro de un contexto inestable donde las limitaciones están afectando a la mayoría de centros de desarrollo educativo ¿son posibles las fórmulas para contrarrestar los problemas?

De hecho no considero hayan fórmulas universales para contrarrestar problemas que a veces son específicos a los programas ofrecidos por los mismos centros educativos, así como a las personas y lugares en donde estos se desarrollan.

Al mismo tiempo, sí hay consideraciones y oportunidades que a veces podemos reconocer son símiles (indistintamente de la localidad), como, por ejemplo, el expandir la posibilidad de aprendizaje y de acción justamente fuera de las aulas, permite conocer y generar redes de soporte externas a las instituciones educativas que pueden a su vez, permitirle a lxs alumnxs, a las instituciones educativas, y a las curriculas, a alcanzar los objetivos de aprendizaje incluso sin tener acceso a la infraestructura que el campus mismo no pueda brindarles. Flexibilizar y buscar alternativas para aquello que se suele comprender tradicionalmente como “el lugar para el aprendizaje”.

¿Parsons tiene ya un cálculo de la población académica internacional en este nuevo semestre?

Nuestra población internacional solía componer al menos un 30 % del alumnadx total, esto en un año académico promedio. Pero esta proyección en la actualidad es aún imposible de estimar, dado que, si bien contamos ya con alumnado registrado, esta cifra se transforma en real a partir de la fecha final de retiro de los cursos, que entiendo ocurren entre septiembre y octubre. Ese va a ser el momento donde se pueda evidenciar el efecto real de la pandemia– y de la coyuntura sociopolítica y migratoria- a nivel de registro de aquella población internacional que no retornará tampoco para optar educación remota, al menos para este semestre académico. A puertas de elecciones presidenciales acá en EEUU, el registro para el siguiente, es probable que también se vea afectado.

¿Qué considera que puede resonar con más fuerza dentro del diseño de moda a consecuencia de pandemia?

Espero, la necesidad de desarrollar procesos de diseño desde una perspectiva crítica, justa, sistémica, y sostenible. Esto debe de poder traducirse con urgencia en curriculas, en oferta y en demanda, en cadenas y procesos productivos. Es complejo, pero el Covid-19 nos expone también a las deficiencias de una práctica -y disciplina- que tiene hoy la oportunidad y necesidad de plantearse como un agente de cambio respecto a la justicia social y al cambio climático, en hacerle frente a las prácticas insostenibles e injustas que hemos estado promoviendo y perpetuando y que afectan nuestras vidas y los sistemas en donde habitamos.

“Es complejo, pero el Covid-19 nos expone también a las deficiencias de una práctica -y disciplina- que tiene hoy la oportunidad y necesidad de plantearse como un agente de cambio respecto a la justicia social y al cambio climático, en hacerle frente a las prácticas insostenibles e injustas que hemos estado promoviendo y perpetuando.”

Por otro lado espero que se desarrollen aún más iniciativas vinculadas al diseño de moda y la salud. La ciudadanía habla ahora de salud pública, la aplicamos, la promocionamos. Por ejemplo, el virus, la definición, lo epidemiológico se han convertido casi en “pan de cada día”, por lo menos a nivel discursivo. Hablar de “ropa de protección”, e incluso repensar el uniforme del personal de salud, hacer y usar mascarillas o tapa bocas, y hasta diseñarlos y crearlos en casa, por poner algunos ejemplos, son conversaciones y dimensiones en las cuales lxs diseñadores de moda también pueden empezar a conectar con temas que antes puedan no haber sido de interés, y en donde la población, en general, puede reconectar también con su rol y agencia sobre lo vestible.

Protestas afuera del museo

Protestas del Black Lives Matter en las afueras del museo Solomon R. Guggenheim en Nueva York. Foto: Clay Leconey

Precisamente, su trabajo aborda desde hace muchos años temas relacionados a la salud pública y los derechos humanos. ¿Cómo ha sido ver la confluencia de estos sucesos como diseñadora?

El impacto del COVID-19 ha expuesto la sociedad quebrantada e injusta en la que vivimos y también ha evidenciado la inequidad que enfrenta la ciudadanía frente al acceso a la salud, educación y justicia, por ejemplo, tanto a nivel local como mundial. La crisis se presenta como una oportunidad para demostrar tanto la necesidad como la posibilidad de desarrollar una práctica de diseño a partir de una aproximación multidisciplinaria, planteando al diseño como una herramienta válida para intervenir concretamente en el sector salud y aproximando a la salud pública desde su dimensión social. Como mencionaba antes, creo que el que temas vinculados a la salud se encuentren ahora en la agenda pública, y no sólo en la agenda política, constituye una gran oportunidad para continuar desarrollando este enfoque y para fortalecer sus posibilidades de acción.

Enfrentar a la pandemia desde Nueva York y desde los Estados Unidos me ha permitido comprobar y comprender un poco más sobre cómo actúa el racismo estructural y cómo este sostiene a muchas instituciones y sistemas en este país, expresándose en todas las dimensiones de la vida ciudadana. Sumadas a las disrupciones propias de la pandemia en términos de la salud, las importantes movilizaciones sociales de protesta contra la violencia policial y el racismo estructural promovidas por el movimiento Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) y que continúan hasta la fecha, también han expuesto cómo continuamos perpetuando y promoviendo mecanismos de discriminación que protegen y normalizan la violencia, inequidad e injusticia. Además, han subrayado la necesidad de identificar cómo nos relacionamos o no con una lucha antirracista, desde todas las dimensiones de nuestra vida diaria.

Como educadora y diseñadora, me queda claro que el trabajo que tengo por desarrollar debe ser expresamente y explícitamente antirracista, que el proceso de aprendizaje y las acciones que planteo no se deben de limitar al reconocimiento de los hechos, si no también al planteamiento de posibilidades de acción y de cambio que promuevan la justicia y la equidad para todxs. Esto debe darse en múltiples niveles de acción y sobre todo si unx cumple el rol de educador debe darse desde las aulas.

“Como educadora y diseñadora, me queda claro que el trabajo que tengo por desarrollar debe ser expresamente y explícitamente antirracista, que el proceso de aprendizaje y las acciones que planteo no se deben de limitar al reconocimiento de los hechos, si no también al planteamiento de posibilidades de acción y de cambio que promuevan la justicia y la equidad para todxs.”

En la práctica específica del diseño de moda, los sistemas racistas y coloniales imperan y adquieren fuerza a través de los mecanismos de producción, creación, circulación, comercialización, uso y consumo de la moda. Desde la academia, también se reproducen en el proceso de creación intelectual o teórica, y en el diseño de procesos de educación formal. Creo que es un deber permanente evaluar de qué manera unx ejerce el racismo, de qué forma discrimina, cómo promueve la discriminación y qué puede hacer para cambiar esto. La lucha antirracista empieza en unx mismx, desde casa, a partir de acciones concretas, y, sin lugar a dudas, desde los espacios que compartimos en el día a día.