Con casi metro ochenta de altura y una andar tan firme como su mirada hacia la cámara, Natalia Barrera es una de las modelos más reconocidas del Perú. Desde el 2016, esta chica afroperuana ha decidido tomar las redes sociales para compartir una parte importante y no tan glamorosa en su vida, el racismo.

Ilustración: Brayan Oré Maldonado


Hace unos años durante un viaje a Francia, presenció fascinada una escena donde una mujer afrodescendiente, una joven musulmana y un hombre de tez blanca charlaban amicalmente en una estación de tren mientras esperaban el siguiente arribo. Le pareció utópico considerar que algo así pudiese suceder en su país. Aún así, para ella no hay nada como el Perú. Ama su patria y siente orgullo de sus raíces, pero no siempre fue así. No siempre quiso ser de piel negra.

Yo me acuerdo que iba al colegio, mi mamá me puso en colegio mixto y me chancaron (molestaron) duro los hombres. Me acuerdo regresar del colegio e inconscientemente jugaba un juego que era “Si pudieras tener un poder ¿Cuál sería?” y yo quería que cuando la gente me mire, me mire como la chica más hermosa. Y siempre pensaba en ser blanca y rubia, o blanca y cabello negro. Todo menos yo, porque a la gente no le gustaba.

Cuando se pertenece a una minoría, la batalla es constante. Sabe que la violencia se asoma hasta de los lugares más insospechados, así que a Natalia también le toca ponerse su armadura. Se la pone todos los días, en el mundo real y en el virtual. Aprovecha su espacio en las redes para ampliar su discurso, pero el hacerlo seguido no hace que sea más fácil.  Es tan frecuente la violencia que experimenta y atestigua, que en más de una ocasión pensó en dejar de bloggear definitivamente. Se preguntaba si en realidad podría lograr un cambio.

En el trabajo, la situación no es diferente. La celebración de la variedad cultural en nuestro país parece aún no encontrar su momento. En la ironía de la industria de la moda, las tendencias y demás estándares son aspectos que no consideran aún el potencial que significaría el incluir plena diversidad dentro de visiones para una buena presencia, aceptación y reputación.

foto: Griselle López

Las miradas, los susurros y los insultos están presentes en su vida desde que tiene memoria. Pero del otro lado, igualmente presente está también un grupo de personas que siempre han entendido mejor que nadie cómo se sentía: su familia.

“Ellos eran mi pequeño grupo de activismo,siempre hablábamos de racismo, siempre hablábamos de las cosas que nos pasaban. La vez pasada me gritaron carbón en la calle, y mi hermana se mata de la risa. Me dice: ¡No jodas, cómo te van a gritar eso!. Es como que ¿por qué la gente es tan estupida que no se aguanta las cosas y las tiene que gritar en la calle? Pero, mi familia siempre me ha tratado de empoderar en ése tema”.

Natalia cuenta que cuando salen a la calle, ya no les sorprende ser acribillados con los estereotipos implantados en la televisión nacional, en la publicidad y todas las demás ofensas normalizadas. La mayoría de las veces deciden no hacer caso o reírse de la ignorancia. Otras veces, simplemente no pueden tolerar más los ataques y defienden lo que por derecho les corresponde. Claro que cuando deciden quejarse, les han dicho que no tienen ‘correa’, que son exagerados o resentidos. Reclamar respeto en nuestro país no es cool.

Recuerdo que la última vez que “recaí”, fue porque la gente estuvo ahí dándole y dándole (molestando). Fui al hospital con mi mamá y lo que pasa es que la gente te señala o se pasan la voz, como que “oye, mira” y así, hasta que mi mamá le dijo a un señor que ella se dio cuenta: “¿Qué pasa? ¿me conoces?” y él le dijo “No, no nada”. Me fui, me acuerdo que estaba por mi casa y un señor me grita Yordy Reyna (jugador de futbol peruano). Yo estaba con mi cabello crespo y reventé así que casi le pego. Estaba demasiado recargada y pensé “¿Y tú me vienes con eso?”

Hay días buenos y malos.  Aquel día, Natalia había olvidado sus audífonos en casa. Fue un mal día .

Desde sus inicios a los quince años, en cada presentación tiene que lidiar con aquellos que la discriminan de una forma u otra. Cuando los problemas de autoestima la abrumaron en la adolescencia, su madre pensó que quizás el camino para Natalia – enganchada por esos tiempos con America’s Next Top Model – podría ser el modelaje. Sería capaz de acoger esa altura, contextura y color de piel que en el colegio solo la hacían sentir incómoda. Natalia decidió ser modelo, aún cuando supo que para ella la pasarela sería en realidad más un camino cuesta arriba.

Ingresó a la academia de Marina Mora, y luego bajo la recomendación de Richard Dulanto participó en el Perú Moda. En aquel momento, aunque ya estaba dentro del juego, los trabajos no aparecían en la misma frecuencia como para las modelos blancas. Decide entonces dejar el modelaje y aprovechar esa experiencia para trabajar en su identidad, mientras continuaba con su vida escolar. Sin buscar nada en especial, se tomó fotos con su cabello crespo más largo que nunca y las subió a redes más feliz que nunca. Dulanto al verlas, la invitó retomar las pasarelas.

El regreso de Natalia se dió en el Lima Fashion Week, donde una diseñadora peruana para la cual ella modelaría, determinó que todas las modelos tenían que ser de piel negra.

A las negras nos pintaron más oscuro, pero se dio cuenta (la diseñadora) que no hay tantas chicas de alta costura negras, así que la mayoría eran andinas. Fue mi primer desfile en LIF week y estaba bien emocionada, pero era mi primer desfile y me plancharon el cabello. Quería a todas planchadas. Entonces estaba un poco molesta porque quería mostrarme con mi cabello crespo. No hay muchas modelo con el cabello crespo y yo quería mostrarme con mi cabello crespo.

Como muchas de las cosas buenas de la vida, mantener y llevar el cabello crespo requiere un poco más de dedicación. Existen diversas asociaciones y una resistencia hacia el cabello crespo a una serie de aspectos con trasfondo social y cultural que pasan desapercibidos. A ésto se suma que no es visualizado en los anuncios, ni que figuras influenciadoras lo usen con frecuencia. Uniformizar es la solución adoptada desde diferentes frentes para que no lidiar con la inclusión de ésta y otras características de las mujeres de nuestra sociedad.

Así es como ella, frente al espejo en el backstage del desfile, sabía que una vez más iba a tener que alisar su cabello Me plancharon entre tres personas y mientras eso, la gente pasaba y decía: “¡Ay, que buena ah!, te llevaste el premio”, olvidando de que yo estaba ahí sentada y que los estaba escuchando. Y un chico se acerca y me dice: “¡¿Pero porqué tiene que ser tan crespita?!”, y yo lo miré y le dije “Así es mi cabello, así son mis raíces ¿qué quieres que haga?”.

En aquel entonces para Natalia el sinsabor de laciarse el pelo, el observar cómo a otras chicas les oscurecían la piel y el aceptar canjes de ropa a cambio de dinero para modelar y que en ocasiones nunca llegan, valdrían la pena si eso significaba que más chicas de origen afroperuano y andino estarían más presentes en la pasarela.

Para la siguiente entrega del LIF Week, vió que la incorporación de modelos de color decreció drásticamente. Entre las demás estos modelos surgió la interrogante de si tendría sentido pasar por los castings para la próxima convocatoria. Ella se preguntaba qué más podía hacer para lograr un cambio. Quizás era momento de que su lucha tenga como escenario principal otro espacio.

La oportunidad ideal surgió cuando el debate que se había generado en una de sus clases le hizo ver que el desconocimiento y la negación  sobre lo que significa el racismo ahí era solamente la manifestación de este problema en una menor escala.

Era una tarea el blog. Cuando fui a decirle a la profesora de qué iba a tratar, ella me dijo : Ay, no va a funcionar, porque ya no hay racismo en el Perú como antes. Y yo le dije “Claro, miss. Ya no nos matan.” (risas). Pero le comencé a hablar de mi experiencia, de que cuando salgo a la calle me gritan insultos. Me dijo, “Ay no, tú me llamas la atención por la manera como te vistes y los peinados locos que te haces. “Si utilizo mi cabello negro, si me pongo trenzas y a través de mi cabello yo me expreso ¿cierto? esa africanía mía, no tengo porqué estar explicándolo. Así me pinte el cabello de amarillo, la gente no tiene por qué reírse o burlarse en la calle. La profesora dijo “Bueno, ha generado polémica en el salón, vamos a ver cómo es en redes” Y recuerdo salir super molesta, enojada, con ganas de llorar, llamar a mi papá y le decirle “¿Cómo la gente se niega a lo que no conoce?”

Natalia alzó su voz mediante las redes sociales y empezó a tener más y más respuestas de aquellos que sabían exactamente de lo que estaba hablando.

Lo que más me da cólera es cuando me escriben chicas de doce años, de diez años, y me dicen “Ay, yo paso esto en el colegio”. Mi misma sobrina de seis me dice “Ay, yo paso esto en el nido”, y yo pasé esto esto cuando tenía su edad y supuestamente las cosas cambian, el Perú avanza, pero veo que no. Le está pasando esto a una niña de seis años, que las niñas no quieren jugar con ella porque está cochina. Y no sabes lo que me cuesta creer, y ahí donde más me afecta también.

Los slogans de campañas publicitarias como “lo quiero todo” conviven con la situación de mujeres y hombres como Natalia que quieren no sólo ser parte de una tendencia o del checklist de una empresa, sino salir a la calle y desfilar con orgullo sus raíces sin violencia alguna.

Aunque le encanta la moda, decidió que no le bastaba con aparecer revistas, desfiles o campañas. En la era de los influencers, ella espera convertirse en un referente para los jóvenes y continuar exponiendo las aristas del racismo que muchos niegan. ¿Hay acaso una mejor definición de modelo a seguir?