Griela Perez nos hizo un espacio para hablar de su marca y sobre lo que viene para el proyecto.


En la jornada de la APEC 2016, Obama no fue el único que se robó las miradas de los asistentes y expectantes. En un gesto de gratitud hacia el entonces reciente padre, Mark Zuckerberg, Pedro Pablo Kuczynski le obsequió una pollera para su hija. Una pollera de Agus.

Así como la pequeña Maxima lo hará en alguna ocasión, una tierna Agus viste y presume sus polleras en cuanta oportunidad puede. Agustina es hija de Griela Pérez, la cuzqueña que hoy es una de las principales promotoras de esta pieza nacional y creadora de la marca Las polleras de Agus.

El inicio con Agus

Luego de salir de su natal Cuzco y estar en la capital por un periodo, Griela nuevamente se reencontró con esas técnicas y figuras entre las que creció . Es durante su tiempo viviendo en Huancayo donde tuvo una pincelada de la idea para este proyecto y decidió comenzar creando un par de piezas para su hija.

Bastó con que la pequeña vistiera la colorida falda en un cumpleaños para que mamás empezaran a pedirle a Griela una para sus hijas también. Contactándose con las artesanas de Huancayo, más prendas iban elaborándose y rápidamente empezaron a tener acogida para fines del 2014. Hoy el equipo está compuesto por tejedores artesanos provenientes de Cuzco, Huancayo y Ayacucho.

Para Griela esto era inicialmente casi un hobby, pero como diseñadora de modas  se dio cuenta de que era necesaria más investigación y descubrió el peligro que corría la tradición de la pollera.

“Esta es prácticamente la ultima generación que podría rescatar el traje típico. Los hijos de los bordadores con los que trabajo, ya no usan las polleras. Creen que son un disfraz. Si es que no se hace un esfuerzo, esto no se podrá revertir” comenta la fundadora.

El equipo que pinta con hilos.

“Yo los llamo mis hijos. Yo soy madre y empresaria. Uno se cansa porque el trabajo es súper agotador, pero al ver los resultados y la satisfacción en ellos, siento que no puedo parar. Son como mis hijos porque les das la idea, en la cual al inicio no creen del todo, y terminan haciendo estas cosas maravillosas. Me siento orgullosa“ confiesa Pérez.

Los bordadores de las polleras son hombres que han podido desarrollar su arte y mejorar sus habilidades en el transcurso del proyecto, habilidades heredadas como legado familiar. Muchos de ellos no bordaban desde hacía mucho tiempo hasta que se toparon con esta oportunidad. Hoy lo hacen con la emoción de poder compartir el legado con el mundo y con el gusto de saber que existe un aprecio por su arte.

Por esta razón, Griela intenta de que exista una comunicación constante durante todo el proceso. No se limita a hacer el pedido, recoger los paños y ya, pues sabe que la única forma en la cual ellos obtienen retroalimentación sobre lo que están ofreciendo es cuando ella se los cuenta. “El paño una pieza de expresión y creatividad. Como arte que es, mucho interviene en lo que presentan, y nosotros intentamos respetar su expresión al máximo. Si, les brindamos sugerencias respecto a las tendencias actuales a las tendencias o la matización pero no en lo que sienten. Cada símbolo es un mundo, una idea. Es por ello que ninguna pollera es igual a otra”.

De los andes a las calles.

Los showrooms son una experiencia de venta que Griela confiesa disfrutar mucho. “Gran parte de nuestro publico no está en el Perú, sino fuera de él, ya sean peruanos o extranjeros. Cada vez que hacemos nuestros showrooms, es súper bonito porque hay un intercambio de ideas y experiencias. Cada venta es una historia. Los compradores re-adquieren ese lazo con el Perú” comenta la diseñadora.

Sin embargo, un reto considerable es el cambiar hábitos de compra en el país. La idea de que usar la pollera es algo despectivo que aún existe, pero que cada vez que alguien adquiere una pollera ésta se debilita más. “Aunque muchos diseñadores han hecho solo inserciones o variaciones en la pollera y no trabajan con la pieza original o completa, creo que el esfuerzo por revalorizar lo nuestro contribuye mucho a este aún largo camino que tenemos por delante” nos señala.

El otro reto pendiente es lograr que los artesanos confíen nuevamente en quienes buscan impulsar su arte y trabajar conjuntamente con ellos. La razón para este rechazo se debe a que en el pasado muchos han sido remunerados inadecuadamente, minimizados o engañados.

El futuro de las Polleras de Agus

Lo que nació como lo que ella llama “una linda casualidad”, hoy tiene la mira en convertirse en una asociación de bordadores. Con este nuevo estatus en la industria, los artesanos de Las Polleras de Agus ingresarán a mercados internacionales y las certificaciones serán mucho más accesibles. “Todo irá creciendo: el proyecto y ellos también, ya que podrían obtener mayores beneficios” menciona Griela.

Parte de generar un mejor desempeño y un buen ambiente de trabajo está altamente ligado al empoderamiento de las comunidades. “Si los demás bordadores ven que cierto grupo esta teniendo crecimiento, es lógico que ellos también se sientan contagiados. Formalizar el proceso contribuye a generar una cadena mas positiva, que pueda generar ingresos a los diferentes sectores”.

El lugar de trabajo autóctono es también algo que con el tiempo han aprendido a valorar. Inicialmente los trabajadores se dirigían al taller principal ubicado en Cuzco, pero estaban saliendo de sus comunidades y, por consecuente, desarrollando un desapego. “No estaban generando valor dentro de ellas. La idea es que no migren y hagan desarrollar sus propias comunidades, desde sus lugares de origen, sus pueblos”.

Le preguntamos si existe es un cambio tangible que le gustaría ver como resultado de este proyecto y nos respondió.

 

“Me gustaría que cuando el mundo vea al Perú, también admiren nuestros bordados así como en el caso de México. Tenemos tanto que ofrecer, tanto que transmitir. Los artesanos están emocionados de saber cómo se seguirán acogiendo las polleras en el país y en el mundo”.