Tuvimos acceso al penal de Lurigancho para ser testigos de cómo el arte, la moda y el diseño pueden ayudar redefinir positivamente todos los espacios como parte del programa ‘Cárceles Productivas – Proyecto Chance’.

We had access to the Lurigancho prison to witness how art, fashion and design can help redefine positively all places as part of the »Cárceles Productivas – Chance project’ program. 


La privación de la libertad, entre muchas cosas, hace que la creatividad encuentre otros escapes. En el penal de Lurigancho hay poetas y escritores que cuentan lo que sueñan, recuerdan o no conocen. Peluqueros que mientras obedecen el estilo que les piden, dan un giro sutil en los cortes que pueda transmitir pertenencia. Artesanos, dentro de fábricas subdivididas por rejas dentro de la mayor de todas. Internos que se preguntan si entre todo les será posible ser hijos de la reformación.

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Espacio y tiempo son esas dos variables que intensificadas rigen la realidad para aquellos que amanecen en celdas, dentro de un orden social diferente que no acaba de reinventarse. Al interior de este penal se han realizado diez piezas que reflejan el trabajo que durante cuatro meses los internos asumen con orgullo como el resultado de una reformación creativa.

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Este ejercicio realizado junto a las diseñadoras peruanas Sophia Lerner, Paloma Zimmermann, Romina Montserrat y Lis Bazán, así como de los directores creativos Duilio Dall’Orto y Christian Duarte, les ha brindado a los participantes una oportunidad más para llenar esa necesidad de expresión a través de la moda. En las piezas han sido aplicadas diferentes técnicas en un proceso que fue tomando forma cada semana “Al inicio, no sabía que esperar y creo que al final eso fue lo mejor, porque se hicieron cosas que yo ni sabía que se podían hacer. Quizás no me hubiera atrevido antes”, confiesa uno de ellos mientras mira su trabajo sobre una de las diez mesas de cerámica del espacio asignado al proyecto.

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En los encuentros de cada viernes, tanto diseñadoras como internos iban descifrando la dinámica que el equipo debía tener y la fórmula para llegar al resultado que todos querían obtener. Los grupos de trabajo fueron conformados por internos de diferentes edades y pabellones bajo la guía de una diseñadora, junto a la cual reunieron los recursos necesarios para la creación final de las piezas. Mientras manipula un retazo de cuero, uno de ellos indica “Este no es un material que usaría, pero ¿por qué no, verdad?. Aquí hay muchas y a la vez pocas cosas para utilizar. Si, ya sé que suena un poco raro”. No, realmente. Las limitaciones con las cuales se tuvo que trabajar, supieron exigir más en cada fase de la elaboración utilizando el upcycling como técnica de máximo aprovechamiento de los recursos.

Las “cárceles productivas” se forjan con la fuerza laboral de los participantes, el apoyo de organizaciones públicas o privadas y la voluntad genuina de ambas partes. La decisión de contribuir dentro de un espacio como éste posee una complejidad que sólo cada diseñadora puede entender por sus particularidades, pero lo aprendido y vivido es confesado sin vacilar.

 

Lis Bazan: “Fue una experiencia que no cambiaría por nada, porque cambió mi forma de ver la vida. Significó tanto el poder colaborar con ellos y entender que todos merecemos una oportunidad. Para mí estar en el penal era mi momento de libertad”

Romina Montserrat: “Un periodo lleno de vivencias. Intenso . Siento que sigo entrelazada con ellos y no quiero perder eso porque no hay nada más valioso que poder haber compartido un sueño y haberlo logrado. Me siento honrada”.

Sophia Lerner: “Poder conocer y de alguna manera ser parte de este pequeño mundo lleno de potencial, ha sido algo totalmente inspirador que me ha ayudado a crecer como persona y como artista. Entender de primera mano y sobre todo sentir que las personas cometen errores pero la reivindicación debe ser una opción”

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Paloma Zimmermann: «Muchos realizan otras actividades, otros proyectos. Es decir, hay un esfuerzo por parte de ellos para hacer las cosas mejor. Además como diseñadora fue genial ver que no siguen la corriente, que tienen determinación y valentía para defender sus propuestas. Si ellos pueden ser asi de arriesgados y optimistas, ¿porque nosotros no?»

Duilio Dall’Orto «Fue increíble como cada conocimiento que podíamos darles lo convertían en esperanza. Lo más emocionante fue descubrir tanto talento y darme cuenta que poderosa es la posibilidad de comunicar mediante el diseño, para ellos más que nadie»

Christian Duarte: «Ya que mi hermano se encontraba en el penal, siempre estuve buscando la manera de que sepa que cualquier realidad se puede transformar a una experiencia positiva. Gracias a Thomas Jacob (Pietá) y ‘Cutipa’ (interno) nació la idea de este taller y cuyo resultado fue una familia.  El perdón es la clave para contar historias con el diseño»

Las paredes de la cárcel tienen escritas emociones y conceptos que pueden liberar o privar del desarrollo intelectual y creativo a quienes son rodeadas por ellas. Para contribuir al objetivo de la reinserción de sus miembros en la sociedad, es necesario otorgar herramientas que trasciendan la utilidad. El arte y la moda lo hicieron. La libertad, al final, se presentó con naturalidad.

Desde el 15 al 23 de diciembre, las piezas están dentro de la exposición “ Arte y esperanza: Libertad para soñar. Creadores y emprendedores desde la prisión” en la galería ICPNA de Miraflores. Ingreso libre.
Agradecemos al Instituto Nacional Penitenciario (INPE), Asociación Dignidad Humana y Libertad, Proyecto Chance.
Texto y fotografía: Solange Gutiérrez, Curaduría: Duarte Dall’Orto Studio